La 61 Caracolá Lebrijana puso este sábado el broche de oro a dos intensas semanas de programación flamenca con una Plaza del Mantillo abarrotada, donde se colgó el cartel de "entradas agotadas", y una noche marcada por el reconocimiento a la Diputación de Sevilla, distinguida con el Caracol de Oro, el máximo galardón que concede el festival, así como por la emocionante respuesta del público a las brillantes actuaciones de La Reina Gitana y Anabel Valencia, despedidas entre prolongados aplausos y vítores.
Durante el acto institucional, el alcalde de Lebrija, Pepe Barroso, hizo entrega del Caracol de Oro al presidente de la Diputación de Sevilla, Javier Fernández, destacando el respaldo constante que la institución provincial ha prestado a la Caracolá y, en general, al flamenco. "El Caracol de Oro expresa nuestra gratitud a quienes contribuyen a que el flamenco siga encontrando escenarios, públicos y oportunidades para crecer", señaló el alcalde, quien subrayó que la Diputación ha integrado el flamenco de forma estable en su programación cultural, impulsando circuitos de exhibición y apoyando a numerosos festivales que forman parte del patrimonio cultural de los municipios sevillanos.
En su intervención, el regidor recordó que la Caracolá Lebrijana cumple sesenta y una ediciones convirtiendo cada verano a la ciudad en "uno de los grandes puntos de encuentro del flamenco", gracias a un proyecto que ha sabido preservar las raíces de este arte al tiempo que abre espacio a las nuevas generaciones. "El flamenco vive, sobre todo, en los pueblos, en las peñas, en los festivales de verano y en las plazas donde cada recital mantiene viva la llama de este arte. La Caracolá es un magnífico ejemplo de ello", afirmó.
Asimismo, el alcalde de Lebrija agradeció el compromiso de la Diputación con la cultura y destacó que "invertir en cultura es invertir en desarrollo, cohesión social y futuro", poniendo en valor la colaboración institucional que ha permitido consolidar el festival como una de las grandes citas del calendario flamenco andaluz.
Por su parte, Fernández de los Ríos, agradeció el reconocimiento a la Diputación de Sevilla y recordó que la institución ha doblado la inversión en su apoyo a los festivales flamencos y aumentado ostensiblemente lo dedicado a contrataciones artísticas. Como hecho destacado, el presidente puso en valor la reciente aparición del festival “El duende”, en el que han estado programadas figuras de la talla de José Valencia.
La Reina Gitana y Anabel Valencia: dos mujeres flamencas en el sumun de sus carreras
Desde el punto de vista artístico, el 18 de julio de 2026 quedará en el recuerdo como una de esas grandes noches de Caracolá en las que se derramaron las más bellas esencias de lo jondo. El público lebrijano, siempre exigente y avezado, supo distinguir la calidad y se puso en pie ante dos Mujeres gitanas con mayúscula.
Primero subió al escenario Rosario Montoya, la Reina Gitana, ataviada con una colorista bata de cola y entregada en cuerpo y alma a las teclas de su piano. Se acordó de sus orígenes lebrijanos, recordó al guitarrista Miguel Salado con unas bellas seguidillas y regaló al público un enérgico autorretrato musical que levantó al respetable entre sonoros aplausos. Mención aparte merece el talentoso Miguel Ángel Heredia quien, con hechuras de Miguel Funi, selló uno de los momentos más mágicos de la noche.
Y siguió Anabel Valencia. Irrumpió en escena por martinetes, con una presencia y un dominio arrolladores, prologando una actuación gloriosa que no decayó en un ningún momento. Anabel Valencia trajo al Mantillo “Mi esencia”, un trabajo en el que recuerda a sus referentes rescatando los cantes que más influyeron en su educación sentimental como mujer flamenca. Proyectadas sobre la fachada trasera de la Casa de la Cultura, las imágenes del Chozas, de Pepe Montaraz, de Curro Malena, del Lebrijano y del Funi, entre otros – aportaron a la propuesta coherencia y valor añadido. Su interpretación de “La nana de los luceros”, acompañada por la Reina Gitana al piano, quedará en el recuerdo del público por mucho tiempo. Se despidió por bulerías, como manda Lebrija, con el inigualable compás de su cuadrilla: Juan Diego y Manuel Valencia (palmas) y Curro Vargas y Juan de Clemente (en el toque), entre otros.
Los Caracoles de Oro, grabados en piedra en El Mantillo
Antes del inicio de la noche, hacia las 22:30 horas, se celebró un simbólico acto de homenaje y es que se descubrieron una serie de baldosas en las que figuran, grabados en la propia piedra, los nombres de los artistas e instituciones que, a lo largo de los años, han venido siendo depositarios del Caracol de Oro. María Fernández La Perrata, Curro Malena, El Lebrijano, Miguel Funi, Concha Vargas, Inés Bacán, Pepe Montaraz o José Valencia, son algunos de los nombres propios que lucen ya, perennes, en la Plaza del Mantillo. La Peña flamenca Pepe Montaraz y la Hermandad del Ecce-Homo, les acompañan en este espacio urbano que habla, desde su propio suelo, del legado flamenco lebrijano.
Dos intensas semanas del mejor flamenco
Con esta última noche culmina una edición que, durante dos semanas, ha llenado Lebrija de cante, toque y baile, reuniendo sobre los distintos escenarios a destacadas figuras del flamenco y confirmando, una vez más, el papel de la ciudad como uno de los referentes de este arte universal.
La programación también ha reservado espacio para la reflexión y la memoria. Entre los momentos más destacados figuran la conferencia dedicada a Pepe Montaraz, el acto conmemorativo del cincuenta aniversario de Camelamos naquerar y el homenaje a dos obras imprescindibles en la historia del flamenco: Persecución, de El Lebrijano, y Romance de Manuel Justicia, de Manuel de Paula, discos que marcaron un antes y un después por su compromiso artístico y social, verdaderos gritos gitanos confabulados con la libertad.
La LXI Caracolá Lebrijana cierra así una edición que ha vuelto a demostrar la fortaleza de un festival con más de seis décadas de historia, capaz de conjugar tradición y futuro, y de hacer del flamenco no solo una expresión artística, sino una auténtica forma de entender la cultura y la identidad de Lebrija.
